Trapani: ERICE - Ciudad Medieval - HISTORIA El nombre de Érice deriva del sicanosículo-itálico Eryx, que significa monte. En las grutas que dan al mar habitaron hombres del paleolítico superior y del neolítico. Érice se convirtió en ciudad elima, y tenía un templo dedicado a la diosa de la fecundidad, Astarté, la Venus ericina de los romanos. Antes y después del breve dominio de los griegos de Agrigento y Siracusa, Érice fue púnica, como testimonian todavía hoy sus potentes murallas. Los cartaginenses la destruyeron en el 260 a.C. En el 247 a.C., fue ocupada por los romanos, y decayó como fortaleza y como ciudad. Siguió, pues, la historia de toda la isla: fue bizantina primero, y árabe desde al año 831, con el nombre de Gebel-Hamed. Llegó a ser normanda en el s. XII. Los normandos repoblaron la ciudad, y además de otras obras de fortificación, construyeron el Castillo que tomó su nombre, (pero es también llamado de Venus). La ciudad recibió el nombre dado a la roca por el conde Roger: Monte San Giuliano. En el medievo fueron edificadas iglesias y conventos y, desde entonces, menos algún palacio barroco y una remodelación de la Piazza Umberto I en el s. XIX, la roca ha sido la misma, hasta que en 1934 retomó el nombre de Erice
MONUMENTOS  El recinto amurallado, construido en torno al s. VI por los fenicios, y reformado varias veces en el tiempo, se divisa ya mientras nos acercamos a Erice. Se conservan tres puertas que datan de la época medieval: puerta de Trápani, puerta del Càrmine, y puerta Spada (con incisiones púnicas en los muros de una portezuela cercana). Entrando por la puerta de Trápani, el visitante es atraído inmediatamente por el extraordinario orden urbano, constituido por callejuelas tortuosas, callejones internos y vías empedradas que confieren al lugar un carácter sereno y antiguo muy sugestivo. El Duomo, cerca de la puerta de Trápani, fue edificado en el s. XIV, con el campanario aislado como una torre (que probablemente servía también como torre vigía o de defensa); en los órdenes superiores de este campanario se hallan dos elegantes ajimeces. El pórtico fue añadido a la fachada del Duomo en el s. XV; debajo, se abre la gran puerta, coetánea a la construcción. El interior fue reconstruicto en el s. XIX, sobre la huella del revival neo-gótico. Entre las obras que se encuentran aquí, hay una estatua de la Virgen con el Niño, de 1469, atribuida a Domenico Gagini. Al sureste del pueblo, sobre una roca inaccesible, donde estaba la antigua acrópolis de la ciudad y se alzaba el templo de Venus encina, fue erigido entre los siglos XII y XIII el grandioso Castillo, baluarte de la ciudad y del territorio circundante. De este castillo que es, con el Duomo, uno de los dos monumentos que normalmente se quieren ver primero, restan algunas torres y algunas murallas almenadas, junto a los restos del antiguo templo de Venus. A la izquierda del Castillo Normando, está el Castillo Pèpoli, del s. XIX, y también el Castillo medieval del Balio, una de cuyas torres fue completada en 1873.
A la época normanda pertenece también la Iglesia de San Martino, situada en la vía Albertina degli Abati, reestructurada y decorada entre los siglos XVII y XVIII. El coro de madera tallada de esta iglesia, es un trabajo respetable de Bernardo Castelli, s. XVII. El Palacio del Ayuntamiento alberga el Museo Cívico Antonio Cordici, erudito local; recoge numerosos materiales arqueológicos, púnicos, griegos y romanos, (entre ellos, una delicada cabeza de Afrodita, del s. IV a.C.), paramentos sagrados, bordados en coral, joyas y, en la entrada, un conjunto de mármol de Antonello Gagini que representa la Anunciación, 1525. La Iglesia de San Domenico, es hoy la sede del Centro Científico Ettore Majorana. En las cercanías, está la Iglesia de San Cataldo, edificada en el s. XIV y varias veces remodelada. La Iglesia de San Giovanni Battista, en la cima de la montaña, con una bella vista del valle hasta el monte Còfano, es de origen medieval, época a la que pertenece una bella puerta lateral reformada en los siglos XV y XVII. En el interior se hallan algunas estatuas de los Gagini: el San Juan Evangelista, de Antonello, 1531, y el Bautista, de Antonio, 1539. La visita de Érice es de las más recomendables por el interés que el lugar ofrece desde el punto de vista histórico-artístico, por la belleza de su propio paisaje y del extraordinario panorama del que se goza desde lo alto, todo el entorno. I testi sono tratti dalla "Sicily and its islands" Ugo La Rosa editore.
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